Nuestros Personajes, Nuestras Historias


Caracas tiene 6 años, nació en la capital de Venezuela y vivió muchos años en la ciudad de las naranjas dulces, Valencia.

Ella, al igual que un millón 662 mil de venezolanos tuvo que huir de la inseguridad, la escasez de alimentos, la falta de cuidados médicos y las violaciones a los derechos humanos.

Debido a los grandes dragones que acechaban la ciudad, un día su mamá la agarró rápidamente de la mano, y corriendo junto a ella pudo ver como su papá quedaba atrás enfrentando a los monstruos con su gran escudo y espada, para que así ella y su mamá pudieran llegar a cruzar la frontera.

Caminando y caminando con tan sólo su maleta morada en una mano y en la otra su peluche «Hope», como lo bautizó su papá antes de partir, fueron pasando las horas, los días y hasta las semanas, hasta que un día por fin llegaron a una casita.

Esta casita se encontraba en la cima de una montaña donde pegaba el sol, la acompañaba una brisa celestial y el olor de las flores alimentaba el alma de sus visitantes, nos dice la mamá de Caracas, y esta casita se llamaba «Mi refugio».

Ahora se encuentra en su nuevo hogar, asistiendo al colegio, abrazando a «Hope» todas las noches y ayudando a su mamá a compartir los talentos culinarios que trajeron de su tierra.

Viviendo por fin en una tierra sin dragones, se pregunta si volverá a reunirse con su papá…


Ella es Cali, nuestra carismática amiga de Colombia.

.
Un día sus abuelos le dijeron que era hora de reencontrarse con sus papás en el nuevo país donde ellos habían migrado. Después de muchos meses viviendo con sus abuelos, arregló rápidamente su maleta, se puso su vestido rosa y se colocó su sombrero vueltia’o, pues sabía que pronto abrazaría a sus papás.

Yendo al aeropuerto le pregunta a sus abuelos: «¿Cómo es a donde voy?», y sus abuelos le contaron sobre una patria que alcanzó por fin su victoria con su suelo cubierto de flores. «¿Y ustedes no pueden venir conmigo?», y ellos con lágrimas en sus ojos le dijeron: «Muy pronto te volveremos a dar un abrazo adornado con el azul de su cielo».

Los papás de Cali tuvieron que emigrar debido al fuerte conflicto prolongado que aún se vive en el país.

Ellos, al igual que los 400 mil refugiados colombianos que han tenido que salir, tuvieron que dejar a sus hijos atrás para poder emprender un viaje incierto, buscar un nuevo hogar y preparar todo para su reencuentro asegurándoles techo y comida

Hoy en día Cali vive con sus papás y su nuevo hermanito esperando reencontrarse pronto con sus abuelos.
.


Salvador, nació en la ciudad de San Salvador. Es un niño muy inteligente al que le encanta leer poesía y novelas clásicas.

Un día sus papás lo levantaron a mitad de la noche y, aún dormido, lo llevaron a él y a su hermanita en brazos a la estación de buses. Sin entender qué pasaba, podía observar cómo el paisaje en la ventana del bus iba cambiando y el sol iba despertando igual que él, pero ahora en un nuevo lugar que no reconocía y no había leído nunca en ninguno de sus libros.

Hoy en día, Salvador y su familia se encuentran a salvo, juntos y trabajando duro. Sus papás ayudan en la iglesia y él y su hermanita sacan puros 5 en su nueva escuela, no teniendo que emprender un viaje a mitad de la noche nunca más.

Más de 300 personas provenientes de El Salvador huyen a diario buscando un refugio seguro de las pandillas.


Managua es nuestra tierna amiga de Nicaragua. Ella, al igual que más de 600 mil emigrantes, ha tenido que salir del país debido a los fuertes disturbios políticos y sociales que enfrentan actualmente.

Un día llegando de la escuela, sus tíos Benita y Juan Ignacio la esperaban en casa junto a una maleta. Ella, sorprendida, pregunta por mamá y papá sin obtener respuesta alguna. La agarran de la mano, la suben al auto y le indican que debe esconderse bajo una manta. Managua, asustada, siente cómo el carro va a gran velocidad, coge curvas, sube y baja, sube y baja y por una última vez vuelve a subir y vuelve a bajar hasta que finamente se detiene.

Cubierta aún en su manta siente como una mano agarra la suya y la baja del auto corriendo; no puede ver nada y su corazón late con fuerza. Lo único que puede ver son sus pies que corren y suben una escalera. “¿Qué hacemos en un avión?”, pregunta mientras le retiran la manta. Sus tíos se miran y rompen a llorar…

Los papás de Managua, al igual que muchos nicaragüenses, fueron injustamente detenidos por ejercer su derecho a la protesta, forzando a sus familiares a huir de la represión, las amenazas y la violencia que atraviesa actualmente el país. Se registran más de tres centenares de muertes en nuestro país hermano, aumentado la incertidumbre con cada día que pasa.


Te presentamos a Tegucigalpa, nuestro amigo proveniente de Honduras.

Tegu, como le dicen sus amigos de cariño, vivía en una pequeña y familiar finca a las afueras de la ciudad. Rodeado de naturaleza y aventuras, conseguía siempre tiempo para ayudar a su “apá”.

Un día, llegaron unos señores con figuras en todo su cuerpo pidiendo dinero. Su apá se negó, pero los señores volvieron al día siguiente y hasta colocaron un signo extraño en la puerta. Tegu veía cómo su apá cada día estaba más y más angustiado peleando con su mamá noche tras noche, sin saber qué pasaba.

Un viernes en la tarde regresando de su partido de fútbol, el cual había ganado y celebraba junto a sus padres, encontraron su casa con las ventanas rotas, sus pertenencias en fuego y un gran hueco en el techo.

Hoy, Tegu y su familia viven en una pequeña y acogedora casa donde sigue ayudando a su apá, pero ahora en otras labores familiares y felices, pues se encuentran en un nuevo hogar sin marcas en la puerta, sin ventanas rotas y sin hueco en el techo.

En promedio, cada año 100 mil hondureños emigran por razones de alta violencia, económicas y amenazas provenientes de pandillas.


Cobán es proveniente de una tierra donde «el amor y la flor en pareja siempre van», como dice su canción. 
Desde la ciudad imperial de Guatemala, nuestro valiente Cobán cita, en un día lluvioso, su canción preferida mientras se aleja de su casa: “Mi Guatemala, te adoro, tienes marimba en el alma, te extrañaré”. Su papá le contesta: “No te preocupes, hijo mío, estamos juntos y te prometo que será así”.

Cobán y su familia arrancaron en su coche al amanecer en búsqueda de un futuro mejor. En el camino, él y su hermanito contemplaban cómo las gotas de lluvia jugaban en el aire, las aves migraban igual que ellos, los ríos danzaban y la noche caía. Su mamá cuidaba de su hermanita chiquita mientras su papá cuidaba del camino, pero las fuertes condiciones del viaje rompieron la promesa que había hecho papá y ya no todos estarían juntos nunca más…

Una fuerte lluvia que duró días y días hizo que los hermosos ríos que danzaban crecieran y crecieran, comiéndose el carro, y con él a su papá. Asustados y con frío, tuvieron que seguir su camino hasta llegar a una tierra donde ya no llovería más y donde con un cálido abrazo encontrarían la paz.

Hoy, Cobán se encuentra con su mamá, sus hermanitos y su nueva mascota “Daddy”, quién los cuida y protege.

Emigrar en Guatemala es una estrategia de supervivencia ante las fuertes situaciones de violencia, las denigrantes condiciones laborales y de desarrollo del país. Hasta ahora, más de 1 millón 637 mil guatemaltecos viven fuera de las fronteras de su país.


Un día, mientras Panamá estaba en su escritorio del 2°B de la Escuela Primaria n°444, se le acercó uno de sus estudiantes preguntándole qué eran las nacionalidades. Ella, intrigada, le preguntó el porqué de su duda y él pensativo le contestó: «Teacher, es que allá fuera en el receso me están diciendo que no juegue con el niño nuevo porque tiene otra nacionalidad, pero yo quiero jugar con él, ¿es acaso esto algo malo? 
Panamá, con una dulce sonrisa, le dijo: «Llámame a todos tus compañeros y entremos al salón que vamos a hacer un ejercicio».

Teniendo a todos sus estudiantes con ella, atentos e intrigados, Panamá preguntó: ¿Quién aquí tiene una familia que los quiere? Todos levantaron la mano. Luego siguió: ¿Quiénes de aquí tienen un hogar donde reposan sus cabezas todas las noches? Todos levantaron la mano nuevamente. Volvió a preguntar: ¿Quiénes van a la escuela todos los días y aprenden cosas sorprendentes? Y de nuevo, todos alzaron las manos. La teacher Sonrió y continuó preguntando: ¿A quién no le gustan cuando lo regañan? ¿Quién se pone triste cuando pierde su juguete favorito? ¿ A quiénes aquí les hace feliz cuando les dan un regalo? Todos subían las manos en cada pregunta diciendo “¡Yo, yo, yo!”.

Todos asombrados por lo mucho que tenían en común, se veían las caras y sonreían unos con otros. «A ver», dijo la teacher, una última pregunta: «¿Dónde nacieron?» Para sorpresa de todos, las respuestas esta vez no fueron iguales, sino todo lo contrario. De repente, un silencio acogió el salón, todos se quedaron inmóviles y se miraron de nuevo las caras. «¿Pasa algo?», preguntó risueña Panamá.

Nuestra verdadera nacionalidad es la humana, todos tenemos los mismos derechos y todos sentimos igual; aunque vengamos de diferentes partes del mundo, nuestro corazón late como un solo.

Y desde ese día nuestra querida teacher se ha dedicado a crear encuentros para reconocer nuestras similitudes y enriquecernos con nuestras diferencias.